Un poco de mitología.
Vaya por delante que lo que sé de mitología judeocristiana y/o grecorromana no es nada que haya estudiado con precisión. Ni siquiera me he dedicado a leer libros específicos sobre ello. Simplemente sé lo que sé a base de oír y leer referencias aquí y allá, y a base de eso me he hecho mi composición, así que seguramente tendré una visión muy incompleta del tema, incluso errónea en algunos aspectos. Aún así, es mi visión, y en ella me baso para este post, que para eso el blog es mío y me lo follo cuando quiero.
Antes pensaba que el mito de la expulsión del paraíso se refería al sexo. Siendo que la iglesia tiene como gran tabú al sexo, y además es la forma de tener hijos, me casaba perfectamente eso del "pecado original". Eva incita a Adán a pecar, una de las consecuencias es el parto con sangre y dolor, y además constituye el pecado original que todos llevamos encima sólo por el hecho de nacer. Somos pecadores porque somos consecuencia del pecado de nuestros padres que follaron (y ahí viene lo del batismo para lavarlo y todo eso).
Sin embargo, después hubo quien me planteó otra visión del mismo tema: la expulsión del paraíso no es sino una reminiscencia del paso del hombre cazador-recolector al agricultor ganadero. El hombre come del árbol de la sabiduría, pasa a conocer cómo funciona la naturaleza y eso le permite tener seguridad de comida, a cambio de tener que "ganar el pan con el sudor de su frente". Supongo que es una buena forma de explicar a alguien por qué tiene que trabajar de sol a sol; en esas condiciones no es difícil mitificar un pasado donde la gente simplemente iba de un lado al otro y cogía la comida que encontraba.
Hace unos días estuve viendo la última obra de Leo Bassi, donde hablaba de esto (es una de las razones por las que me ha venido el tema a la mente), y pone el acento en un detalle: lo que la iglesia católica presenta como el gran pecado de la humanidad es el conocimiento. En realidad, en el castigo divino que la tradición judeocristiana plasma aquí se juntan dos motivos: por un lado está el hecho de acceder al conocimiento, y por otro lado está la mera desobediencia a la orden de Dios de no comer del árbol. No sólo es el conocimiento lo que castiga Dios, sino también la iniciativa propia (y por qué no decirlo, la arrogancia).
Estos dos aspectos están presentes también en la mitología griega, pero no necesariamete tan unidos. Los Dioses condenan a Prometeo al tormento eterno por robar el conocimiento del fuego. De nuevo el castigo por desafíar a los Dioses viene acompañado de un elemento fundamental en la comprensión del mundo y el paso de la prehistoria a la historia.
Otra historia de la mitología griega en la que se condena a quien se emborracha de su poder otorgado por el conocimiento, y cae an la arrogancia es la historia de Ícaro, que muere al intentar llegar al sol con las alas que su padre le había construído. Sin embargo aquí el conocimiento no estña presentado como algo intrínsecamente malo: Dédalo sí consigue volar y escapar gracias a sus alas; la caída de Ícaro se debe en realidad más a la inconsciencia.
No conozco la evolución de estas leyendas, pero sospecho que la de Ícaro es posterior a la de Prometeo: en la tradición helénica el conocimiento debió ir ganando consideración. De ser algo por lo que alguien debería ser castigado "per se", pasa a ser algo útil pero peligroso si no se usa con prudencia.
La verdad es que no sé muy bien cómo acabar mi escrito (es lo que tiene ser de letras), así que lo dejo sin final. Si a alguien se le ocurre una forma de cerrarlo, por favor sírvase.
Antes pensaba que el mito de la expulsión del paraíso se refería al sexo. Siendo que la iglesia tiene como gran tabú al sexo, y además es la forma de tener hijos, me casaba perfectamente eso del "pecado original". Eva incita a Adán a pecar, una de las consecuencias es el parto con sangre y dolor, y además constituye el pecado original que todos llevamos encima sólo por el hecho de nacer. Somos pecadores porque somos consecuencia del pecado de nuestros padres que follaron (y ahí viene lo del batismo para lavarlo y todo eso).
Sin embargo, después hubo quien me planteó otra visión del mismo tema: la expulsión del paraíso no es sino una reminiscencia del paso del hombre cazador-recolector al agricultor ganadero. El hombre come del árbol de la sabiduría, pasa a conocer cómo funciona la naturaleza y eso le permite tener seguridad de comida, a cambio de tener que "ganar el pan con el sudor de su frente". Supongo que es una buena forma de explicar a alguien por qué tiene que trabajar de sol a sol; en esas condiciones no es difícil mitificar un pasado donde la gente simplemente iba de un lado al otro y cogía la comida que encontraba.
Hace unos días estuve viendo la última obra de Leo Bassi, donde hablaba de esto (es una de las razones por las que me ha venido el tema a la mente), y pone el acento en un detalle: lo que la iglesia católica presenta como el gran pecado de la humanidad es el conocimiento. En realidad, en el castigo divino que la tradición judeocristiana plasma aquí se juntan dos motivos: por un lado está el hecho de acceder al conocimiento, y por otro lado está la mera desobediencia a la orden de Dios de no comer del árbol. No sólo es el conocimiento lo que castiga Dios, sino también la iniciativa propia (y por qué no decirlo, la arrogancia).
Estos dos aspectos están presentes también en la mitología griega, pero no necesariamete tan unidos. Los Dioses condenan a Prometeo al tormento eterno por robar el conocimiento del fuego. De nuevo el castigo por desafíar a los Dioses viene acompañado de un elemento fundamental en la comprensión del mundo y el paso de la prehistoria a la historia.
Otra historia de la mitología griega en la que se condena a quien se emborracha de su poder otorgado por el conocimiento, y cae an la arrogancia es la historia de Ícaro, que muere al intentar llegar al sol con las alas que su padre le había construído. Sin embargo aquí el conocimiento no estña presentado como algo intrínsecamente malo: Dédalo sí consigue volar y escapar gracias a sus alas; la caída de Ícaro se debe en realidad más a la inconsciencia.
No conozco la evolución de estas leyendas, pero sospecho que la de Ícaro es posterior a la de Prometeo: en la tradición helénica el conocimiento debió ir ganando consideración. De ser algo por lo que alguien debería ser castigado "per se", pasa a ser algo útil pero peligroso si no se usa con prudencia.
La verdad es que no sé muy bien cómo acabar mi escrito (es lo que tiene ser de letras), así que lo dejo sin final. Si a alguien se le ocurre una forma de cerrarlo, por favor sírvase.

2 Comments:
Fin.
Fueron felices y comieron perdices...
Besos.Adiós.
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